23. Nov.
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Por las noches, en las que solo escuchaba el silbido del viento septentrional y los aullidos de los lobos, la muchacha recordaba la felicidad de tiempos pasados y se sentía víctima de una pesadilla de la que no podía despertar. El dolor y la pena oprimían su alma, de la misma forma que los espinos asfixiaban el torreón donde trataba de dormir en aquellas frías noches.

Donde los árboles cantan
Donde los árboles cantanvon Laura Gallego GarcíaFundación Santa María-Ediciones SM